20150510

LA CARTA DEL ALQUIMISTA



Decía Sara, la hermana de Neftalí, farmacéutico retirado de Ourense,  que le estaba abandonando la razón cuando compró de manera compulsiva artilugios antiguos de farmacia: crisoles, cazuelas, pucias, matraces de cristal, redomas, retortas, una paila de cobre, unas lentes grandes y unos alambiques. El dinero de la herencia de su tío menguaba por las compras que venía haciendo, no solo de los mencionados utensilios, sino de libros, así como viajes que hacía para hacerse con otros antiguos; tenía por ello a su hermana en un sinvivir del que no era capaz de salir sin herir a su hermano al que tanto quería. Todos esos utensilios los fue dejando en lo que había sido cocina vieja, junto a la que fue cuadra y no como le recomendaba su hermana: en otra mitad de la cámara, reducida de su antiguo uso que era la de almacenar grano, y productos de la huerta que no eran para el hórreo: patatas, y más tarde los embutidos de la matanza y los jamones. Ella no sabía realmente el uso que le iba a dar, y él, que si lo sabía, convencido de que tener tan cerca las materias primas de la alimentación de la casa podían haber humos y vapores que los malograran.
No hacía mucho que vinieron los dos de viaje de cerrar para la venta y recoger los muebles y enseres de la casa de su tío Abdón, abogado y profesor de filosofía en Palencia, recientemente fallecido y del que recibieron su herencia. Aun no habían terminado de abrir y clasificar los cuatro cajones de libros de la biblioteca que trajeron cuando Neftalí se había detenido con un pequeño libro titulado Socorros que se han de dar a los envenenados o asfixiados” de Mateu Orfila, médico de Luis XVIII de Francia  y editado en 1818. Pero pese al gran interés del libro, lo que le tenía estudiando con gran atención y buscando documentación en Internet todos los ratos libres de los que disponía, era un papel que encontró entre las hojas del libro, no sé si llamarlo folio o cuartilla, por el extraño tamaño que tenía y del que le faltaban alguna esquina, amarillento por la oxidación de la celulosa y por el tiempo, con dos pliegues,  y una grafía antigua por sus dos lados por lo que se presuponía que podía haber sido carta. Cada vez que encontraba alguna conclusión de su contenido se lo contaba con gran excitación a su hermana, con todas las reservas que podría hacer ya que parecía estar escrito en ingles antiguo y él no manejaba bien el idioma y solo algo el actual. Para eso, solía hacer consultas por correo electrónico a don Isaías, un profesor de Madrid, al que le había mandado escaneado el documento y como experto en documentación antigua ya le había servido más de una vez de gran ayuda. Fue precisamente Isaías el que le dio la gran noticia de que el documento era casi con toda seguridad una carta de Isaac Newton (1642-1679) inglés, autor de los Philosophiæ naturalis principia mathematica, más conocidos como los Principia, donde describe la ley de la gravitación universal y estableció las bases de la mecánica clásica. Desde ese mismo día Neftalí aumentó sus horas de investigación sobre la carta y de sus avances, aumentando la organización del laboratorio que había instalado con los utensilios de farmacia antiguos. Al uso de los investigadores,  en un cuaderno fue anotando sus conclusiones. Abriendo éste se podía leer la introducción y descripción del camino que habría de emprender en sus ensayos, especialmente calentando elementos naturales en los crisoles o sometiendo al proceso de aleación otros. Todo venía porque en la carta llegaba a un punto la descripción de los ensayos de Newton que, sin conocer aun la composición atómica de los elementos, estaba muy interesado por su densidad, así estaba anotada una tabla  con la densidad (g/ml) del oro :19,3; del mercurio: 16,6; del el silicio 2,33, y del aluminio 2,7. Cabía suponer que la cuestión ara planteada en la carta, según se fundaba en este fragmento: … by the properties of these elements and frequently observing silicon in the goldfields, the density of aluminum and mercury to dissolve gold in amalgam, must be processes evaporation in containers separated and united by stills, silicon, aluminum and mercury, or mercury, to see the result;  que traducido sería: …por las propiedades de estos elementos y observando el silicio con frecuencia en los yacimientos de oro, la densidad del aluminio y que el mercurio disuelve el oro en amalgama, debe hacerse procesos evaporación en recipientes separados y unidos por alambiques, entre el silicio y el mercurio, o éste con el aluminio, para ver el resultado.  Esto le hizo especular a Neftalí con que el proceso de obtención de oro podía ser el resultado de la amalgama del silicio y el mercurio o de éste con el aluminio en estado gaseoso, para quizá obtener con la suma de los dos un elemento con densidad de 19,3 que coincide con la del oro. Para eso se preguntaba: ¿el silicio en determinadas condiciones haría cambiar esta amalgama? ¿o cambiaría la densidad de él?
A las siete de la mañana, del día veinte de abril, lunes de 2019, Neftalí llevaba ya más de hora y media metido en su laboratorio analizando en la mesa de estudio el documento, que cogía con gran cuidado con guantes de látex y ayudado por una gran lupa con iluminación que había instalado allí. Al llegar a este punto en el que llegó a la determinación de calcinar los elementos seleccionados y otros, pues era la forma de cambiar o descomponer a cambio de estado en su constitución física o química. Se llenó de excitación y, al oír que su hermana hacía ruido con los cacharros en la cocina, señal inequívoca que se había levantado y estaba preparando el desayuno, salió disparado hacia allí y entro súbitamente diciendo:- ¡Sara! ¡Sara!, ¡creo que estoy descubriendo algo grande! Su hermana, dando un respingo para atrás le replicó: - ¡Jodaaa, Neftalí, qué susto me has dado! Pero ¿te estas viendo? ¿Cómo es que te pones así con esas maquinaciones que te entretienen tanto? Neftalí, tienes que tranquilizarte un poco. Me parece bien que te ocupes en lo que te guste, pero no dejes que se te vaya la olla. Y, créeme, parece que se te está yendo. ¡Anda!, siéntate y vamos a desayunar.

Se sentaron los dos y con el café con picatostes que se tomaron empezaron a ver la vida de otra manera. Más tranquilos, Neftalí dijo que estaba muy interesado en los estudios que estaba haciendo y para rematar, a título de broma y sonriendo sentenció: -¡Anda que si después encuentro la forma de obtener oro!.. – Anda, anda, anda, -decía su hermana- déjate de tontunas; ganas tienes de meterte a hacer experimentos en ese laboratorio que te has puesto y no salgas volando un día de éstos. Como te pase algo, lo más que te voy a decir cuando vaya a tu tumba es: ¡gilipollas! y lo peor para tí es que te vas a quedar con las ganas de contestarme. - Mira, Sara, lo que hago es una pura especulación científica, que lo normal es que no me lleve a obtener oro, pero seguro que voy aprender. Analizar la carta de Newton es una satisfacción infinita, y eso, es todo lo que busco. – Bueno chico, está bien. ¡Pero no salgas volando! ¿eh?

(Publicado en el diario La Tribuna de Ciudad Real el 25 de abril de 2015)

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